En los últimos días, el barrio de Ondarreta, en Alcorcón, ha comenzado a llenarse de pancartas visibles desde portales, vallas y zonas comunes. Los mensajes, directos y contundentes, expresan el rechazo vecinal a la construcción de un crematorio‑tanatorio a menos de 300 metros de las viviendas, una distancia que muchos residentes consideran completamente incompatible con un entorno residencial consolidado.

Las pancartas, realizadas de forma artesanal por los propios vecinos, se han convertido en una forma de protesta pacífica pero constante. Su presencia recuerda a diario que existe una preocupación real y compartida por el impacto que una instalación de este tipo puede tener en la calidad de vida, la salud y el bienestar del barrio. No se trata de un gesto aislado, sino de una respuesta colectiva ante un proyecto que avanza sin el consenso social necesario.

Uno de los aspectos que más inquietud genera entre las familias de Ondarreta es la proximidad del crematorio‑tanatorio a sus hogares, a colegios, zonas verdes y espacios de convivencia. Los vecinos denuncian la ausencia de una información clara y accesible desde el inicio del proceso, así como la falta de alternativas de ubicación alejadas del núcleo habitado. La distancia prevista, inferior a 300 metros, es uno de los puntos más cuestionados.

Las pancartas también cumplen una función informativa. Muchas de ellas incluyen mensajes que invitan a informarse y a conocer los detalles del proyecto, canalizando el interés vecinal hacia la plataforma noaltanatorio.es, donde se recopila toda la información disponible, documentos, comunicados y argumentos que explican el rechazo al crematorio‑tanatorio en su ubicación actual.

Este movimiento vecinal no responde a una oposición genérica, sino a la defensa del modelo de barrio y de convivencia que se ha construido durante años en Ondarreta. Los residentes reclaman que cualquier decisión de esta envergadura tenga en cuenta el entorno urbano, la densidad de población y la opinión de quienes viven a diario en la zona afectada.

Las pancartas, visibles y silenciosas a la vez, se han convertido en el símbolo de una reivindicación legítima: ser escuchados. Mientras el debate continúa, el barrio de Ondarreta muestra públicamente su postura y anima a vecinos y vecinas de Alcorcón a informarse y participar activamente, porque las decisiones que afectan al territorio también afectan a la vida cotidiana de quienes lo habitan.